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martes, 30 de julio de 2013

El máster que cambiará la universidad: educación de gran calidad a bajo precio

EL PRIMER ‘MOOC’ CON TITULACIÓN OFICIAL


EL CONFIDENCIAL | Héctor G. Barnés | 25/07/2013



Han irrumpido con fuerza, y parecen destinados a cambiar la cara de la educación superior mundial por completo. Los llamados MOOC, o “massive online open courses” son el sueño húmedo de todo estudiante que quiera completar su formación con aprendizaje de primer nivel, ya que ofrecen la posibilidad de acceder, de forma gratuita y online, a los mismos cursos que los matriculados en grandes universidades como Stanford, California o Princeton, en Estados Unidos (país donde este sistema se encuentra más implantado). Hasta la fecha, no obstante, estos cursos tenían un problema clave que les había impedido equipararse a los programas oficiales de estos centros: que, puesto que se ofrecían de manera gratuita, no podían expender ninguna titulación oficial. Pero eso ha terminado.

El proyecto presentado esta misma semana por uno de los centros tecnológicos más importantes de Estados Unidos, el Instituto de Tecnología de Georgia (o Georgia Tech, como se le conoce popularmente), en el que ofrece uno de sus másters más prestigiosos de manera online y a un precio mucho más bajo que el de su contrapartida presencial, puede sacudir los cimientos de la educación de posgrado. En él, al contrario de lo que ocurre con los MOOC, aquel que se matricule en dichos estudios y pague las tasas correspondientes contará con un título equivalente al del que haya acudido de manera presencial a la universidad. Además, quien quiera recibir la misma formación de forma gratuita podrá hacerlo de igual manera que aquellos matriculados de forma oficial, con la única diferencia de que no conseguirán ningún título al concluir.

Lo mejor al más bajo precio
Uno de los factores que más ha llamado la atención es la drástica reducción de precio en esta versión online del máster en ciencias computacionales comparado con su versión tradicional: 6.600 dólares (unos 5.000 euros) frente a los 45.000 dólares (34.000 euros) de la matrícula presencial, que se reduce a los 21.000 dólares (15.000 euros) para los residentes en dicho estado americano. Hasta la fecha, la mayor parte de universidades tenían sus propios programas online, que costaban lo mismo que la educación presencial. Ahora, por primera vez, el posgrado online cuesta sensiblemente menos que el tradicional.

Udacity, la empresa de Sebastian Thrun, es la impulsora del proyecto
Para poder llevar a cabo dicha disminución del precio, la institución ha contado con el respaldo económico de la multinacional de telecomunicaciones AT&T, que ha invertido dos millones en el proyecto, y que propondrá a alguno de sus expertos como docente del programa, impartido tanto de manera online como por videoconferencia. Georgia Tech colaborará para llevar a cabo este proyecto con una de las plataformas más importantes en lo relativo a los MOOC, Udacity, fundada por el vicepresidente de Google Sebastian Thrun. Los beneficios se repartirán entre un 60% para Georgia Tech y un 40% para Udacity.  

Bienvenidos al aula mundial
La motivación principal que late tras el diseño de estos cursos online masivos es la divulgación del trabajo de la universidad a los alumnos de otros países y continentes que, en circunstancias normales, no habrían podido acceder a este tipo de formación. Como manifestó Sebastian Thrun en su día, la idea de Udacity nace de la frustración de ver que nada más que 200 estudiantes podían acceder a sus clases magistrales en la Universidad de Palo Alto en Florida. Para Thrun existen dos factores esenciales que pueden facilitar la máxima difusión de sus cursos: la tecnología online y la bajada de tasas asociada a esta. De esa manera, Udacity le ha permitido aumentar exponencialmente el número de estudiantes al que llega: “Normalmente, enseño para 200 estudiantes, y ahora lo estoy haciendo para 160.000. Nunca en mi vida profesional he conocido un impacto parecido al de estos últimos meses”.

La masificación permitirá un sensible descenso en el precio de los cursos
De hecho, el presente proyecto también fue arrancado por Thrun, que fue el que contactó con el director de Georgia Tech, Even Zve Galil, con la intención de crear un programa de máster online que costaría unos mil dólares. Pronto se dieron cuenta de que podían aplicar dicho modelo al máster de ciencias computacionales, que recibe 1.400 peticiones al año, de las cuales sólo se puede dar respuesta positiva a un 15%. El límite viene impuesto por la propia logística del centro, no porque no existan suficientes candidatos que cumplan con los requisitos necesarios.

Un modelo para el futuro inmediato
Pero esta nueva fórmula tiene una lógica económica aplastante. La exclusividad que las restricciones de las clases presenciales imponía desaparece con la posibilidad de llegar, potencialmente, a todos los estudiantes del planeta. Un crecimiento que permite bajar sensiblemente el precio de las tasas y, al mismo tiempo, ganar mucho más dinero que hasta la fecha. Lo cual puede hacer que en un futuro inmediato los precios de este tipo de programas comiencen a descender en su conjunto para captar a esos millones de estudiantes que ahora podrán matricularse en las universidades de todos los rincones del mundo. Algo que puede ser crítico en un momento en el que gran parte de la financiación de la educación superior proviene de las tasas de los estudiantes, como ocurre en el Reino Unido, que ha doblado en los últimos años sus precios de admisión.

Los MOOC deben mejorar su capacidad de adaptación a las necesidades de los estudiantes
Un futuro utópico a la vuelta de la esquina que, no obstante, ha sido recibido con críticas por algunos profesores que consideran que este tipo de sistemas pueden conducir a la reducción de personal docente, a una pérdida de calidad en la enseñanza (al fin y al cabo, el proceso seguido por planes como el Plan Bolonia es el de favorecer una relación más estrecha entre profesores y alumnos) y a una devaluación del valor de los títulos universitarios. Incluso el propio Galil muestra sus reservas al respecto y señala que aún se trata de “territorio inexplorado”, pero que la posibilidad de ser uno de los pioneros le animó a aceptar el reto que Thurn le había propuesto: “Es una revolución. Quiero liderarla, no ser un comparsa”.

Los puntos negativos de los MOOC siguen siendo abundantes, como la imposibilidad de controlar al estudiante o la alta tasa de abandono, pero los últimos movimientos llevados a cabo por Udacity intentan solucionar algunos de estos problemas. El objetivo principal de la compañía, en estos momentos, es conseguir que la retroalimentación proporcionada por el estudiante termine alterando el funcionamiento del curso en el que se encuentra apuntado, y que los alumnos tengan una relación más interactiva y directa con sus mentores.

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