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jueves, 18 de julio de 2013

En defensa de la enseñanza pública... pero no sólo

A favor de la libertad de los padres para escoger el centro donde educar a sus hijos 

Fuente: lne.es | 18.06.2013 | Laura Sampedro


Siempre que oigo o leo la frase «por una enseñanza pública de calidad» pienso... «ah, no puedo estar más de acuerdo. ¡Yo también la quiero!». Y si me acojo al literal de la frase, casi me apetece coger la pancarta y la camiseta... sólo que... renglón seguido me asalta la duda y me pregunto: ¿por qué la frase no puede ser simplemente «por una enseñanza de calidad»? ¿Acaso pretenden los que lo corean dar a entender que de toda la enseñanza, sólo la pública necesita mejorar su calidad? La verdad, lo dudo. Entonces ¿es que sólo quieren que exista la posibilidad de educación pública? Más bien, y ahí es donde creo que empiezan a perder razón -y donde yo desisto de lo de la pancarta y la camiseta-, porque con esa postura lo que deniegan es la libertad de elección a quienes no piensen como ellos, y eso sí que no.
Por principio, y con carácter general, yo abomino de las causas excluyentes, en las que -todo hay que decirlo- últimamente veo muy posicionada a una parte muy sectaria y rancia, apalancada en que nada cambie. Una parte que aboga no por defender lo suyo, que sería lógico y lícito, sino que pretende que lo suyo sea lo único válido, defendible y respetable. Y, para ello, por si acaso los demás queremos otra cosa, lo que buscan es que no haya elección.
Y es que no pocas veces he escuchado argumentos un tanto peregrinos acerca de que la existencia de centros de enseñanza privados y, sobre todo, los concertados «agreden» la pervivencia de la enseñanza pública, pero ni los comprendo, ni los comparto. Los padres con hijos en edad escolar son ciudadanos que pagan sus impuestos en la medida que les corresponde, como todos. Impuestos con los que se financia, entre otras cosas, la enseñanza pública. De modo que, si parte de esos padres, además de contribuir a esa enseñanza pública, deciden libremente hacer un esfuerzo y pagar un extra para que sus hijos puedan ir a un colegio, concertado o privado, porque les parece más idóneo por las razones que sean, no sólo están en su derecho, como es obvio, sino que en nada perjudican a los que con el mismo derecho y la correspondiente contribución al fondo común de sus impuestos envían a sus hijos a la pública.
De hecho, los datos nos dicen que el millón y medio largo de alumnos que van a centros concertados en nuestro país y que cuestan unos 5.500 millones de euros les costarían al Estado -si todos ellos fueran a la pública- unos 14.200 millones de euros, esto es, unos 8.000 millones más, que de este modo quedan disponibles para su redistribución. Son cifras que dejan bien claro que un sistema mixto es eficiente en términos económicos y, por supuesto, en los educativos, tal y como demuestran los resultados de informes como PISA. Por lo que sólo cabe pensar que quienes se sienten agredidos por su existencia no tienen razón para ello, salvo en el temor que tengan -y volvemos al inicio del razonamiento- a la libertad de elección del prójimo.
¿Quiero decir con esto que soy una furibunda defensora de la concertada o de la privada y una detractora de la pública? Para nada. En absoluto y al contrario. Creo firmemente en la necesidad de que en nuestro país la enseñanza pública sea de tal calidad que ningún alumno de ningún centro tenga la más mínima carencia. Pero también creo firmemente en la no exclusión de ninguno de los modelos. En la defensa de la diversidad. En la libre elección.
De hecho, lo que me parece bastante triste y empobrecedor para la sociedad es que algunos se dediquen día a día a tejer un discurso con el que buscan sin descanso enfrentar las dos posibilidades «público» «privado» como si fueran excluyentes una de la otra, aun cuando la realidad cotidiana demuestra que no sólo son plenamente compatibles, sino que son cooperadoras eficaces de una sinergia que permite a la sociedad avanzar en libertad, pero con seguridad, que es justamente un binomio que yo considero positivo en todos los ámbitos.

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